La pésima atención del IMSS hizo que perdiera a mi bebé: Génesis

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La pésima atención del IMSS hizo que perdiera a mi bebé: Génesis

Publicado el día 09 de Septiembre del 2019
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Génesis Rubí Peña Castro, de 27 años de edad, ingresó al IMSS con un malestar en la boca del estómago teniendo 41 semanas y cinco días de embarazo, y lo que creyó que sería un fin de semana de alumbramiento, se convirtió en lo más doloroso y triste en su vida y la de su esposo. 

A 14 días de haber muerto su bebé por hipoxia intrauterina e insuficiencia placentaria, Génesis expresó que a la fecha nadie le explicó qué fue lo que ocurrió.

Así sucedieron las cosas: 

Previo a que se decidiera que se le realizaría cesárea, el lunes por la tarde a Génesis le tocaron ocho cambios de turno, fue atendida por más de cinco ginecólogos, cada uno le dio diagnóstico distinto, durante el viernes, sábado, domingo y lunes. 

Sentada en el porche de su casa, la joven aclaró que su intención no es denunciar pero sí compartir lo que le sucedió para que se agilice la atención a embarazadas y no se vuelva a repetir su caso. 

Su calvario empezó el viernes 23 de agosto por la tarde, ingresó a urgencias del IMSS, la pasaron a toco, el médico que le dio el diagnóstico le externó que su bebé se le hacía muy grande y habló de una probable cesárea. “Me dice el doctor ‘estás muy estrecha y tu pelvis esta sola, está vacía por que la bebé está en la parte de arriba’. Me ingresan al área de Toco y me dice que voy a probable cesárea”. 

Recordó que el doctor de apellido Bojórquez indicó que le pusieran sueros con oxitocina, sustancia para provocar las contracciones. Transcurridos 30 minutos aproximadamente se da el cambio de turno y se presenta el doctor de apellido Pacheco, quien al conocer el expediente le explicó que él atiende solamente urgencias y no consideraba que su caso lo fuera, “me dijo, ‘yo atiendo puras urgencias y tú para mí no eres urgente’, me regresó al área de observación, me quitaron el medicamento y me pusieron otro suero”. 

Así pasó la noche del viernes y parte del sábado, hasta que la atendió el médico de apellido Acosta, quien le tomó medidas de la panza y le mencionó que a él no se le hacía que el bebé estuviera grande y que ella podía continuar en observación, pero le mandaría a hacer un ultrasonido, lo cual no se pudo porque el sábado no se hace el estudio, o por lo menos eso le explicó y se justificó que no había personal y se lo harían el domingo temprano. 

Para esto salen a darle informes a mi mamá y mi esposo, que son los que están afuera, y les dicen que si es urgente ellos me lo mandaban hacer, pero le dijeron que no porque ya tenía medicamento, refiriéndose a la oxitocina que me habían puesto el viernes”.

Transcurrió todo el sábado en el área de observación, en ayuno hasta el mediodía, sin inducirle dolor. El domingo por la mañana ingresó otra doctora, le dio a conocer que le induciría el parto al tener las 41 semanas, le colocaron una pastilla debajo de la lengua y así permaneció parte del domingo. “No recuerdo si dijo ser la doctora Valenzuela o Hernández quien cubrió los dos turnos del domingo, y dijo que empezaría con la labor de parto”, expresó. 

Desenlace

De nuevo ingresó el doctor Pacheco por la noche, para eso ya tenía dolores y estaba dilatando. A pesar de la amarga experiencia, Génesis comentó que en cuanto al personal de enfermería y algunos médicos siempre recibió un trato digno y amable, pero quizá no se tomo la decisión de realizar la cesárea en tiempo oportuno y hoy ella ha perdido a su primer hijo.

Yo siento que es como decir de los ginecólogos, ‘mi palabra vale más que la de su colega, mi diagnóstico es el verdadero, el que tú dejaste hablando de los cambios de turno a mí no me es valido quizá’”. 

El domingo, al checar los latidos del corazón del bebé, todo indicaba estar dentro de la normalidad. 

El lunes por la mañana la atiende la doctora Cabanillas, presentando cinco de dilatación fue entonces cuando la joven externó que no aguantaba el dolor y suplicó que se le pusiera anestesia. Una vez que se le valoró, la autorizó la anestesióloga a quien se refirió como la doctora Reyna. Le explicó que no sentiría dolor pero al ponérsele la panza dura pujara y así lo hizo, le suministraron más analgesia, llegó hasta nueve de dilatación, justo en ese momento se dio de nuevo el cambio de turno y entra la doctora Rodríguez, a quien suplicó le hiciera cesárea porque en su esfuerzo por parir ya se sentía debilitada.

“Pensé en gritarle a mi familia que me sacaran de ahí pero me dio vergüenza porque si gritas te callan los doctores”. 

Se le dijo que harían un último intento, se le cambió de camilla, le pusieron anestesia y una sonda, la acompañó otro doctor, de quien nunca supo el nombre, pero intentó ayudarla, se le subió a la panza y empujaba, pero el bebé no avanzaba y la doctora hacía su trabajo pero al final se le confirmó que le harían cesárea. 

Una vez en quirófano, al ponerme la raquea, el bebé se me movió, fue la última vez que sentí, escuché que tomarían sus latidos pero ya perdí el conocimiento”. 

Recobró el conocimiento cuando se acerca un médico y le dice algo al oído, algo que no comprendía y fue al escuchar que habían intentado reanimarlo, que supo que su bebé estaba muerto. Pidió verlo y al destaparlo y revisarlo se dio cuenta que estaba completo, y hecho del baño, pero hasta hoy nadie le explicó las causas, qué es lo qué pasó, si había fallecido en su vientre o al nacer.

Con información de Debate



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